En estos días no paro de oir en la calle la expresión "es que todos son iguales", en referencia a los diferentes casos de corrupción que estamos conociendo. Es indignante, rechazable, insultante...etc, que unos sinvergüenzas y canallas, utilizen unas siglas o una institución para llevarse la pasta a su casa. A todos los ponía yo a picar piedras de por vida, vengan de donde vengan. Antonio Basagoiti lo decía muy claro en una entrevista el pasado fin de semana, cuando se lamentaba que mientras unos se juegan la vida en el País Vasco por hacer política, otros utilizen esa misma política para robar.
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Pero lo cierto es que no todos son iguales. De los miles y miles de concejales, alcaldes, diputados y senadores que hay, unos pocos (muy muy pocos) son corruptos. Sería una injusticia decir que todos los catalanes son nacionalistas, o que todos los vascos están a favor de ETA. Por eso, en unos tiempos difíciles para la clase política, yo defiendo a esa misma clase que dirigió la Transición de una manera ejemplar. Esa misma clase política, la española, que ha hecho frente al terrorismo, que han tenido que asistir a cientos de funerales de sus propios compañeros...
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No podemos caer en la condescendencia de decir "todos son iguales" porque actitudes globales como esa, es la que ha provocado el ascenso al poder de los gobernantes más terribles del pasado siglo, y parte del actual...



